viernes, 28 de septiembre de 2012

Una exhortación a la economía



No debería manifestarse extravagancia en la construcción de hogares lujosos, en la adquisición de muebles costosos, en la compra complaciente de vestidos mundanos, o en el consumo de alimentos exquisitos; en cambio al hacer todas nuestras cosas pensemos en las almas por quienes Cristo ha muerto. Hagamos morir el egoísmo y el orgullo. Que nadie continúe gastando recursos en multiplicar fotografías para enviar a los amigos. Ahorremos cada peso que podamos ahorrar, para que los encantos incomparables de Cristo puedan presentarse a las almas que perecen. 

Satanás sugerirá muchas formas como podéis gastar el dinero. Pero si éste es gastado en la complacencia de sí mismo -y en cosas innecesarias, no importa cuán bajo sea su costo-, no es gastado para la gloria de Dios. Consideremos bien este asunto y veamos si estamos negándonos a nosotros mismos en la forma como deberíamos hacerlo. ¿Estamos realizando sacrificios a fin de enviar la luz de la verdad a los perdidos?. . . 

En la iglesia debiera haber un solo interés; un solo deseo debería controlar a todos: el deseo de conformarse a la imagen de Cristo. Cada uno debería esforzarse para hacer por Jesús todo lo que le sea posible, mediante el esfuerzo personal, los donativos y el sacrificio. Debiera haber alimento en la casa del Señor, y esto significa una tesorería llena a fin de contestar los llamados macedónicos que se reciben de todas partes. Cuán lamentable es que nos veamos obligados a decir a los que claman pidiendo ayuda: "No podemos enviarles hombres o dinero. Tenemos una tesorería vacía". 

Que todas las monedas de cinco centavos, de diez centavos y los pesos que se pierden para la causa debido al amor egoísta del placer, a causa del deseo de alcanzar las normas dadas por el mundo, mediante el amor al ocio, sean dirigidos hacia el conducto que fluye hacia la tesorería de Dios. Son los pequeños arroyos que se unen los que finalmente constituyen un río. Seamos cristianos concienzudos y obreros juntamente con Dios. . . 

Hay que abrir nuevos campos de trabajo, hay que añadir almas a la fe, nuevos nombres deben aparecer en los registros de la iglesia -nombres que también aparecerán en los registros inmortales del cielo. ¡Ojalá que comprendiésemos lo que podría hacerse con el dinero gastado en la gratificación del yo!- RH, enero 27, 1891. 

Un socio en la firma de Dios 

La causa de Dios mantiene una exigencia continua. Por lo tanto, la laboriosidad se requiere de parte de todos, encumbrados y humildes, ricos y pobres, a fin de devolver a Dios los réditos debidos, para que haya "alimento" en su casa, y puedan ser sostenidos los siervos a quienes él ha llamado a la obra de comunicar la verdad a un mundo que perece. 

Dios no sólo requiere el diezmo, sino también pide que todo lo que poseemos sea usado para su gloria. No debemos ser derrochadores, porque los bienes que poseemos son propiedad de Dios. Ni un peso, ni un centavo, son nuestros. El malgastar el dinero en lujos priva a los pobres de los recursos necesarios con los que podría proporcionárseles alimento y ropa. Lo que se gasta en la gratificación del orgullo en el vestir, en casas, en muebles y en decoraciones, aliviaría las aflicciones de muchas familias necesitadas y afligidas. Los mayordomos de Dios deben ministrar a los necesitados. Esto es el fruto de la religión pura e incontaminada. El Señor condena a los hombres por la satisfacción de su complacencia egoísta mientras sus semejantes sufren por falta de alimento y ropa. . . 

El Señor pide a cada uno de sus hijos que haga brillar la luz del cielo -la luz del amor sin egoísmo del Señor- en medio de las tinieblas de esta época degenerada. Si él ve que lo reconocéis como el dueño de vosotros mismos y de todas vuestras posesiones, si él ve que utilizáis los medios que os ha confiado como mayordomos fieles, registrará vuestros nombres en los libros del cielo como obreros juntamente con él, como socios en su gran firma, para trabajar en bien de vuestros semejantes. Y en el día final experimentaréis gozo al ver que los recursos utilizados sabiamente para ayudar a otros han hecho que mediante vosotros el nombre de Dios sea alabado.- RH, dic. 8, 1896. 

El cuidado de los centavos 

Quisiera impresionar a cada mente para que comprenda la tremenda pecaminosidad de gastar el dinero del Señor en necesidades imaginarias. El gasto de sumas que parecen pequeñas puede desencadenar una serie de circunstancias que se proyectarán hasta la eternidad. Cuando se realice el juicio y se abran los libros, se os presentará el lado desventajoso: el bien que habríais podido hacer con los centavos acumulados y las sumas mayores que fueron empleadas únicamente con propósitos egoístas. . . 

Jesús no requiere del hombre ningún verdadero sacrificio, porque lo único que se nos pide que abandonemos son las cosas que nos harían mejor si no las tuviésemos. Debemos abandonar sólo lo más pequeño, lo que tiene menos valor, para tener lo que es más grande y más valioso. Toda consideración terrena y temporal debe subordinarse a lo que es más elevado.- RH, agosto 11, 1891.  

Entonces el mensaje irá con más poder 

El pueblo de Dios debería practicar una estricta economía en sus gastos, a fin de tener algo para llevar a Dios, diciendo: "De lo recibido de tu mano te damos" "(1 Crón. 29: 14). En esta forma su pueblo debe expresarle su agradecimiento por las bendiciones recibidas de él. Así es también como pueden hacerse tesoros junto al trono de Dios. 

Los mundanos gastan en ropa cuantiosas sumas de dinero que deberían utilizarse para alimentar y vestir a los que pasan hambre y sienten frío. Muchos por quienes Cristo dio su vida apenas tienen lo suficiente de lo que es más barato, la ropa más ordinaria, mientras otros gastan miles de dólares en sus esfuerzos por satisfacer las interminables exigencias de la moda. 

El Señor ha ordenado a su pueblo que salga del mundo y viva separado de él. La ropa llamativa o cara no sienta bien a los que creen que estamos viviendo en los últimos días del tiempo de gracia. El apóstol Pablo ha escrito: "Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad" "(1 Tim. 2: 8-10). 

Aun entre los que profesan ser hijos de Dios hay quienes gastan en ropa más de lo que es necesario. Deberíamos vestirnos pulcramente y con buen gusto, pero, hermanas mías, cuando compráis y confeccionáis vuestra propia ropa y la de vuestros hijos, pensad en la obra que todavía espera ser hecha en la viña del Señor. Es correcto comprar buenos materiales y confeccionarlos bien. Pero los adornos exuberantes son innecesarios, y usarlos es gastar en la gratificación de sí mismo el dinero que debería colocarse en la causa de Dios. 

No es vuestro vestido el que os da valor ante la vista del Señor. Dios valora el adorno interior, las gracias del Espíritu, la palabra bondadosa, la consideración hacia los demás. Privaos de los adornos superfluos y apartad el dinero así ahorrado para el adelantamiento de la causa de Dios. Aprended la lección de la abnegación y enseñadla a vuestros hijos. Todo lo que pueda ahorrarse practicando la abnegación se necesita ahora en la obra que debe realizarse. Hay que aliviar a los que sufren, hay que vestir a los desnudos, hay que alimentar a los hambrientos; la verdad para este tiempo debe ser proclamada a los que no la conocen. Negándonos lo que no necesitamos, podemos participar en la gran obra de Dios. 

Somos testigos de Cristo y no debemos permitir que los intereses mundanos absorban nuestro tiempo y atención a tal punto que no tomemos en cuenta las cosas que Dios ha dicho que deben ocupar el primer lugar. Hay en juego intereses superiores. "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia" "(Mat. 6: 33). Cristo se dio por entero a la obra que había venido a realizar, y él nos ha dicho: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" "(Mat. 16: 24). "Y seáis así mis discípulos" "(Juan 15: 8). 

Cristo se entregó voluntaria y gozosamente a la realización de la voluntad de Dios. Fue obediente hasta la muerte, y hasta la muerte en la cruz. ¿Deberíamos encontrar difícil negarnos a nosotros mismos? ¿Deberíamos apartarnos para no participar de sus sufrimientos? Su muerte debería conmover cada fibra de nuestro ser y disponernos a consagrar a su obra todo lo que poseemos y lo que somos. Al pensar en lo que él ha hecho por nosotros nuestros corazones deberían llenarse de amor. 

Cuando los que conocen la verdad practiquen la abnegación ordenada en la Palabra de Dios, el mensaje se proclamará con poder. El Señor oirá nuestras oraciones en favor de la conversión de las almas. El pueblo de Dios dejará brillar su luz y los incrédulos al ver sus buenas obras, glorificarán a nuestro Padre celestial. Relacionémonos con Dios en términos de una obediencia manifestada con abnegación.- RH, dic. 1, 1910. 

Progreso a pesar de la pobreza 

Al comienzo éramos sólo unos pocos los que debíamos llevar adelante la obra, y era muy necesario que tuviésemos unidad de pensamiento a fin de promover la obra con orden y uniformidad. Cuando comprendimos la importancia de estar en unidad de fe, nuestras oraciones fueron contestadas, y también fue contestada la oración de Cristo en la que pidió que fuésemos uno así como él era uno con el Padre. Estábamos tan privados de recursos así como lo estáis vosotros aquí en estos reinos,y con frecuencia pasamos hambre y sufrimos de frío por falta de ropa abrigada. Pero comprendimos que la verdad debía avanzar y que debíamos tener recursos para promoverla. Luego buscamos al Señor fervorosamente para que él abriera el camino a fin de que pudiésemos alcanzar a la gente en las diferentes ciudades y pueblos. Mi esposo y yo tuvimos que trabajar con nuestras manos para obtener dinero a fin de trasladarnos de un lugar a otro con el propósito de abrir los tesoros de la fe a los demás. Pudimos ver que el Señor del cielo estaba preparando el camino delante de nosotros en la obra. (Nota: * Escrito en Europa.) 

Mi esposo trabajó acarreando piedras hasta que se estropeó la piel de sus dedos y emanó sangre de las heridas a fin de obtener recursos para trasladarnos de un lugar a otro con el propósito de hablar a la gente acerca de la verdad. Así fue como la obra se llevó a cabo en un comienzo y ahora nuestras peticiones deben ascender hacia el Dios del cielo tal como lo hicieron entonces, para que él abra el camino, y la verdad llegue a los corazones. El oro y la plata son del Señor. El ganado que pasta en mil colinas le pertenece; pero él quiere que avancemos por fe tan lejos y con tanta rapidez como podamos. El Señor bendecirá a los que hagan lo mejor posible de acuerdo con sus habilidades. . . 

Cuando se abrieron las Escrituras en los valles del Piamonte, la verdad fue llevada por los que eran muy pobres en bienes de este mundo. Los que poseían la verdad bíblica no tenían libertad para enseñarla a la gente; no podían llevar la Biblia a los hogares; de manera que fueron como mercaderes vendiendo productos, y llevando porciones de la Biblia con ellos, y cuando veían que era conveniente leían de las Escrituras; y en esta forma recibían luz los que sentían hambre por la verdad. Con sus pies desnudos y sangrantes, esos hombres viajaron sobre las rocas duras de las montañas a fin de alcanzar a las almas y abrirles las palabras de vida. Quisiera que ese mismo espíritu que animó a esos misioneros estuviese en el corazón de cada uno que profesa la verdad en este tiempo. 

Todos podemos hacer algo si ocupamos la posición que Dios desea que ocupemos. Cada esfuerzo realizado por iluminar a otros nos pone más en armonía con el Dios del cielo. Si os sentáis a lamentaros diciendo: "A duras penas puedo sostener a mi familia", nunca haréis nada; pero si decís: "Haré algo por la verdad; la veré progresar; haré lo que pueda", entonces Dios abrirá el camino para que podáis hacer algo. Deberíais invertir en la causa de la verdad a fin de sentir que formáis parte de ella. 

Dios no requiere de la persona a quien ha dado un talento que le devuelva los intereses equivalentes a diez talentos. Recordad que fue el poseedor de un talento el que lo envolvió y lo ocultó en la tierra. Deberíais usar el talento, la influencia y los recursos que Dios os ha dado para que desempeñéis una parte en su obra.- RH, julio 8, 1890. 

Para un Estudio Adicional 

Cultivando un espíritu de abnegación, JT 3, 349. 

Un ruego a causa del dinero gastado innecesariamente, 9 T 54, 55. 

Joyas y vestidos dispendiosos, MC 219, 220. 

Nunca se nos exige un verdadero sacrificio, MC 376. 

Economía y no tacañería ni mezquindad, MC 157. 

"Recoged los pedazos", MC 159. 

El ejemplo de los pioneros, 7 T 216, 217. 

Cuando se viaja, 5 T 400. 

Enviaron sus tesoros adelante de ellos, 1 T 191, 192. 

Ahorrando mediante actos de sacrificios, JT 3, 358. 

Los obreros deben disminuir los gastos, 4 T 299. 

Si la conciencia estuviera despierta, testificaría contra los gastos inútiles, JT 1, 381. 

Enseñando la economía en el hogar, JT 3, 73, 74. 

Enseñando a los jóvenes el uso del dinero, JT 2, 472. 

Preguntando: "¿Servirá un artículo menos caro?", 4 T 511. 

Un espíritu de servicio voluntario y gozosa abnegación, PR 46, 47. 

¿El dar es un privilegio o una carga? 1 T 170. 

Los que son económicos por principio, 4 T 453


Por
Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, capítulo 58.

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